Reseña: Alan Parsons Project @ Pepsi Center

 

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Más vale tarde que nunca records, presenta:

 

“Sobre cómo me encontré (viendo a Alan Parson´s en la Ciudad de México y a Primus en Dallas en menos de 7 días)” – Parte 1.

 

No soy muy afecto a la frase “las cosas que no se planean son las que salen mejor”. De hecho me aterra. Soy planeador obsesivo, un “control freak” diría mi esposa. Pero debo aceptar que en estos últimos días no me ha funcionado tan mal esa filosofía de vida y al menos en lo referente a un par de eventos cercanos al cierre del año fue una muy buena estrategia (¿o anti-estrategia?, no sé, eso).

 

Resulta que por muchos años había querido ver a Alan Parsons en vivo y siempre resultó que no cruzábamos de destinos como quien intenta llamar por teléfono a otra persona solo para darse cuenta que esa misma persona está llamando y cuelga para que entre la llamada, enjuague y repita 3 veces. Literalmente. Cuando se anunciaba fecha en la Ciudad de México yo tenía que viajar por algún motivo laboral a Estados Unidos, solo para darme cuenta que al día siguiente de mi regreso de Estados Unidos a México,  la siguiente fecha de Don Alan era justo en la ciudad de la que yo estaba saliendo.

 

Pero una tarde semi-nublada, saliendo de comer unos tacos de costilla con queso al norte del DF, que veo pasar un camión con un espectacular pegado en un costado indicando que al siguiente fin de semana el Alan Parson’s Live Project se presentaría en un foro de la Gran Tenochtitlán acompañado de orquesta sinfónica y toda la casa. Esta vez Mr. Parsons no se me iría vivo. Más rápido que una liebre del hipódromo me dirigí a comprar los boletos y 7 días después finalmente se me hacía palomear uno de mis actos en vivo faltantes de la lista de “artistas por ver en vivo antes de morir” (los otros pendientes, a saber, siguen siendo Björk, David Gilmour y Manic Street Preachers).

 

No contaba con la astucia de los dioses del rock ochentero con que Fran Cosmo, un exvocalista de la banda Boston, sería el abridor de la noche (no confundir con la banda Bostik aunque se parezcan en look). Como no son santos de mi devoción, me di una aburrida que literalmente me arrulló y me dormí, salvo en un par de ocasiones donde uno de los guitarristas hizo algunos malabares barrocos con la guitarra y cuando cantaron el super clásico ‘More than a feeling’ que sigo tratando de recordar de que película o serie de televisión era tema.

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Ya pasadas las 9:00 de la noche (en domingo), y con un foro prácticamente lleno de una población que en promedio de edad rondaba los 50 años (creo que mi esposa y yo éramos de los “jóvenes” en nuestros mid-30s), salió Mr. Alan Parsons con su banda para deleite de todos sus melómanos admiradores. Gritos desbordados como si se tratase de un semi-dios el que se acababa de mostrar en el escenario. Y es que en estas épocas donde el mundo sabe que no volverá a ver a Pink Floyd reunido, es bueno de vez en cuando encontrarse con su ingeniero de grabación del Dark Side of the Moon dando conciertos de alta calidad interpretativa en tu ciudad natal. Honestamente no domino su discografía completa, pero prácticamente todas las canciones sonaron conocidas de una u otra forma, tal vez por lo mucho que muchas de ellas fueron utilizadas en comerciales de escuelas de computación o eventos deportivos. Momentos clave como las interpretaciones de piel chinita de ‘Time’, ‘Sirius/Eye in the Sky’ y ‘What goes up’ me hicieron reflexionar en que, canciones que logran esa sentimiento de atemporalidad,  son ya difíciles de encontrar.

 

Mr. Parsons tuvo a un invitado de la escena musical mexicana en el escenario: Aleks Syntek. No soy su fan, pero si alguien del calibre de Parsons lo invita a compartir escenario, debe ser por algo, y la verdad es que lo hizo bastante bien. Tanto en el teclado y las vocales supo hacer mancuerna con la banda, y desde luego que el público mexicano se lo aplaudió. Sobre todo al final del show donde ‘Games people play’ hizo bailar y cantar a más de uno.

 

Creo que lo que mejor sabor me dejo de la noche fue justo la calidad interpretativa de todos los músicos, incluyendo los momentos combinados con el ensamble sinfónico (al cual tal vez les faltó que los ecualizaran con un volumen más alto). Esa comunión que se logra cuando nadie está por encima de nadie, sino que todo el equipo suena como una sólida muralla musical y letras inteligentes bien colocadas. Sin duda valió la espera y los múltiples teléfonos descompuestos para lograr verlos por primera vez en vivo.

 

Casi dos horas de concierto y una más de camino de regreso a casa, me recordaron que tan solo 7 días después tendría una cita con otro de mis colosos musicales de toda la vida: Primus, pero esta vez en la ciudad de Dallas, Texas, y esta vez bajo un esquema perfectamente planeado con meses de anticipación. Pero eso, mis amigous,  será motivo de la segunda parte de este magi-cuento. Stay tuned.

 

Texto: Homo Rodans.

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