Ese sentimiento de Deja Vu…

Nota del editor: Este escrito fue hecho poco después de las elecciones presidenciales de Estados Unidos del 2008. Extrañamente, parece muy relevante…

“[…]any team with both God and Nixon on their side was fucked from the start.”

Un año más ha terminado y nuevamente tuvimos el horrendo espectáculo de otra carrera presidencial. El resultado parece ser una bendición para muchos, una maldición para otros y un “¿otla vez aloz?” para el resto de nosotros, estúpidos mortales que sabemos que los políticos siguen viviendo en una atmósfera enrarecida donde los problemas reales se pierden en el horizonte.

Para muchos, la elección del 2008 fue la primera elección de sus vidas, el primer momento en que pudieron ejercer su derecho a votar. Para los cínicos y hartos profesionales de la cíclica mentira electoral, es “business as usual”.

¿Por qué esta apatía, por qué este desamor a lo que supuestamente es el triunfo de cualquier democracia? Porque las elecciones son como las películas de Harry Potter: has visto una, las has visto todas. En todos los idiomas es la misma mamada.

Aunque las caras cambian, es el mismo brutal circo, el mismo show, el mismo rancio aroma de las palomitas de mentiras que nos sirven los políticos. Viendo como se desarrollaron las últimas elecciones fue como volver a leer el clásico de Hunter S. Thompson, Fear and Loathing: on the campaign trail ’72.

¿Será que sí? 36 años se dicen fácil y tal vez vuelan tan rápido como VH1 nos dice, pero no se pueden evitar ver algunos paralelos entre una elección y la otra.

Empecemos con el blanco fácil: los republicanos. En 1972, la única opción viable para El Enorme Elefante era el mañoso Richard Milhous Nixon. Querido por nadie, temido por todos, “Tricky Dick” contaba con una red de espionaje y chantaje que solo requería a la Policía del Pensamiento para estar completa. ¿Sus promesas de campaña? Acabar con Vietnam, reactivar la economía y mantener el status quo del pueblo americano.

Intercambiemos Vietnam por Irak y tenemos básicamente lo que prometía McCain.

Mientras tanto, a unos grados a la izquierda, el partido demócrata se encontraba fragmentado entre varias corrientes, cada una velando por sus propios intereses, fragmentando un frente que debiera ser unido, más queda como los perdigones de un escopetazo de Elmer Fudd.

¿Les suena conocido?

George McGovern, Hubert Humphrey, Ed Muskie, Ted Kennedy y George Wallace eran las cartas fuertes de los Burros (por el logo, no por tontos) Izquierdistas. Tal y como lo estuvieron en el 2004 y ahora en el 2008 con el Despreciable Dueto Obama / Clinton, los demócratas malgastaron cerca de 5 meses en aventarse estiércol los unos a los otros. McGovern, con sus idealismos progresistas difíciles de integrar, Hubert Humphrey, el perdedor del 68, un auténtico viejo decadente que pertenecía a la vieja guardia. Ed Muskie, un simpático idiota veterano de guerra con problemas psicológicos. Ted Kennedy, infame hermano de los Kennedys asesinados, en problemas con la ley por un accidente dudoso y George Wallace, un racista sureño cuyo futuro perfecto incluía muchas cruces en llamas.

¿Cómo puedes descarrilar una máquina tan bien engrasada como Nixon y sus secuaces con una roca tan frágil como los pedazos de gis que representaba el partido demócrat?

Simplemente, no puedes. Después de que los dinosaurios Humphrey y Muskie se extinguieron, McGovern logró convencer a la gente que él era el candidato del cambio (“change”, la palabra que Obama choteó como su “amén” personal). Resistiendo las trabas que sus propios hermanos de partido le pusieron, logró combatir bajo la bandera de que no era más pan con lo mismo. Fin a la guerra de Vietnam fue el mayor gancho que el tuvo, pero sus ideas progresivas fueron su salvavidas y su ancla.

Fue tal el idealismo que impuso y que planeó, que trató de complacer a todos por igual. Ese fue y siempre ha sido lo que destruye a un político con potencial: querer complacer a todos. Eso es imposible en una democracia. La gente confunde democracia con complacer a todos. Democracia es complacer a la mayoría, nos guste a no. McGovern tomó un paso en falso que resultó ser una caída al abismo: seleccionar como vicepresidente un retrógrada que tuvo el descaro de declarar públicamente que tenía problemas mentales, mermando la integridad que tenía la plataforma demócrata. Obama logró evitar este problema, pero McCain lo vivió en carne propia con la Doña Palin y su estupidez eterna. 72 y 08, gemelos separados al nacer.

Después de tal estocada, Nixon sólo tuvo que esperar que el partido del burro se desangrara, ganando las elecciones de Noviembre, con un margen de 23%, de los mayores en la historia de las elecciones. Obama no la tuvo tan fácil, pero su intención de complacer a todos le puede meter en camisa de once varas como a McGovern. No quisiera ser ni Obama ni nadie de su gabinete, tienen unos zapatos demasiado grandes que llenar.

Pero bueno, ya sabemos que pasó en el 72. Tener otros cuatro años de poder, le otorgaba al partido Republicano un cheque en blanco para hacer lo que quisieran. Pero un pequeño hotel fue la piedra en el camino que hizo al elefante de Milhous rodar y rodar. Si Obama decide lanzarse de nuevo (Nota: asco tener boca de profeta) y gana, ¿tendrá un segundo round presidencial sin problemas o tendrá su _____gate como lo tuvo Nixon?

Lo sabremos en el 2013.

Texto: Sam J. Valdés López

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