Doña Chispita

Dicen que lleva ahí más de un siglo. Hay quien piensa incluso que llegó junto con la primer bombilla eléctrica de la Ciudad. Su nombre es Ambar Electra Gomez Volta, pero todo mundo la conoce como “Doña Chispita”, la señora de la tienda de electrónica del número 110-B de la calle República del Salvador.

Cuenta la leyenda que nació entre un manojo de cables pelados en un día lluvioso cerca de un tranvía: literalmente su madre la “dio a luz”. Cuando de pequeña sus hermanos la llevaban al mercado, ella recogía cualquier pedacería metálica que se encontraba en el piso y las vendía los fines de semana fuera de su casa a sus amigos de la vecindad. Les decía que eran “para-rayos”

La primera vez que vió un radio quizo saber que tenía por adentro (no se creía la historia de la abuela de que eran duendecillos que hablaban desde dentro de la caja). Descubrió las bombillas al vacío y pensó “tal vez dentro si vivan algunas haditas luminosas”.

Todos los ahorros de su niñez y adolescencia los gastó en comprarle artefactos a un alemán que se aparecía de vez en cuando por la colonia. Decía el alemán que eran las sobras de algunos artefactos que se trajo de un hospital en Europa. Resultó que esas mismas sobras se las compraba después a ella un joven de apellido Gonzalez Camarena (que parecía estar igual de obsesionado con todo lo que tuviera que ver con componentes electricos)

De los 20 a los 45 años no se supo nada de ella, es lo que sus biografos conocen como “la vida oculta de Doña Chispita”. Lo que si se sabe es que a los 46 años reapareció en la colonia, con dos hijas, un esposo y un perro. Y que al regresar se establecieron en el famoso local 110-B de República del Salvador y que llegaron con dos camiones llenos de aparatos electrónicos, focos, cables, bulbos, herramientas. La gente venía de todas partes de la ciudad a comprar las refacciones de sus aparatos con ella. Se rumora que el local es en verdad un bunker que tiene 20 metros de profundidad y que en el fondo hay piezas únicas, tales como el primer televisor y el Arca de la Alianza.

Paso el tiempo, murió el esposo, murió el perro, engordaron las hijas, siguió llegando la gente y con ello la modernidad. Muchas más tiendas de electrónica se establecieron alrededor de la zona dejando el local de “Doña Chispita” hundido en el corazón de la calle. Sin embargo, los arqueólogos de lo desconocido saben que ella y sus refacciones siguen ahí y que cada vez que hay que buscar algo inencontrable ahí es el lugar correcto al cual acudir.

“…las serpientes tambien saben recitar…”

 Words: César Cervantes

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s