Cuento Corto: Cassandra

(Este cuento es parte del ciclo Las Plateadas Peras de la Luna)

- Entonces ¿Nos podemos hablar de tú?
– Sí, claro, dime Ernestina. Dra. Vidal es demasiado formal.
– Muy bien, Ernestina, el asunto es el siguiente: tengo motivos suficientes para creer que usted, digo, tú, eres mi madre.
– ¿Tan vieja me veo?
-Todo lo contrario, usted es joven, tal como lo tendría que ser mi madre.
– Nuevamente me estás hablando de usted. Gracias por lo de joven, pero créeme, ya después de los 40 años el tiempo se siente fluir distinto.
-Pero dicen que los 40 son los nuevos 30 ¿No?
– No cuando has llevado una vida como la mía. Aunque para serte sincera, deja de usar reloj y de contar el tiempo cuando falleció mi hija. Yo tenía 19 años solamente y ella 7 meses de nacida. Los doctores no pudieron hacer nada. Murió en mis brazos víctima del virus G-26, ese que aún sigue sin cura.
– Sí, lo sé. Me lo ha contado ya varias veces. Y también me ha contado que afortunadamente usted y su esposo habían decidido guardar las células madre de la pequeña.
– Es inútil, nunca lograremos que nos hables de tú. En fin, así es, las guardamos con la esperanza de poder producir un milagro: que todos nuestros años dedicados a la investigación Cibergenética nos lograran traer de vuelta a nuestra hija, Cassandra. El resultado fuiste tú.
– ¡Cassandra! ¿Lo vé? ¡Tenemos incluso el mismo nombre!
– Que tengan el mismo nombre no significa que sean la misma persona, ya hemos hablado de eso muchas veces.
– Sí, ahora lo recuerdo. Entonces ¿Quién soy yo? ¿Qué soy yo?
– Tú eres una reproducción cibergenética de crecimiento acelerado. Representas como sería nuestra hija a los 23 años. Técnicamente naciste hace 3 semanas pero tu memoria, es decir, tus recuerdos y todo lo que sabes del mundo hasta el momento se ha ido forjando en nuestras pláticas y las descargas de información a tu “cerebro” mientras “duermes”
– Entonces, ¿no soy su hija?
– No eres nuestra hija la que murió hace 23 años, pero sí eres nuestra hija, la que nació hace tres semanas.
– Y el Doctor Jiménez, ¿es mi padre?
– Así es. Él está afuera monitoreando la conversación.
– Muy bien Dra. Vidal, digo Ernestina, digo mamá. Aún no sé como llamarle.
– No te preocupes, estamos trabajando en eso, ahora descansa que ya es tarde.
– Así lo haré. Hoy quiero soñar con unicornios.
– Así será. Descansa.

Al salir la doctora Vidal de la habitación se escucha la siguiente conversación.
– ¿Crees que finalmente lo hayamos conseguido? ¿Vivirá más que las otras 8 anteriores?
– Me preocupa lo de su memoria a corto plazo, pero tengo fé en que esta vez sí lo hemos logrado.
– Entonces, ¿Vivirá más de 7 meses?
– Así lo espero.
– ¡Que alegría! No olvides dejarle programados sus unicornios para dormir.

Texto: César Cervantes (aka Homo Rodans).

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