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Cuento Corto : La Piedra de Guatemala

“¡Pasen! ¡Pasen a verla! Es la inigualable, la única, ¡La siempre mágica! ¡La Piedra de Guatemala! Esa que fue recuperada de la tumba de Nuestro Señor Pakal y que ahora se encuentra entre nosotros iluminándonos con su poder ¡Pase, acérquese y tómela en sus manos por sólo 50 pesos 15 segundos!”

Así pregona Doña Prudencia desde hace al menos 35 años. Todos los días lleva su carro-stand al mismo lugar en Avenida Grande esquina con General Mayor, en el Centro de la ciudad de México. La producción no es compleja, sólo una mesa forrada en terciopelo morado y bordados plateados, al centro, una copa de cristal que contiene en su interior la famosa “Piedra de Guatemala”.

¿Pero que hay de especial con la susodicha piedra? A primera vista nada, una roca común y corriente de no más de 15 cm de largo, un tanto plana y lisa como las piedras de río. Sin embargo, dicen los que la han tenido en sus manos que la sensación al sostenerla por tan solo unos segundos es equivalente a la de revivir todos tus recuerdos más queridos en un instante.

Dice Doña Prudencia que han venido científicos de muchas Universidades y Laboratorios a verla (a la piedra, no a ella) y que todos acaban concluyendo lo mismo: que es una piedra cualquiera y que lo que provoca en la gente es una especie de efecto placebo. “La gente está desesperada por aferrarse a algo, creer en algo y la señora obviamente sabe como sacar provecho de ello”

La fila diaria para pasar a sostener la piedra es larguísima y se encuentra uno de todo tipo de personas de todos los estratos sociales. A todos les cobra lo mismo Doña Prudencia porque dice que así le fueron dadas las instrucciones directamente por el Hombre Jaguar.

“¿Y quien es el hombre Jaguar?” le pregunté un día.

“El dueño original de la Piedra, era un soldado de Nuestro Señor Pakal, y vive aún entre nosotros esperando su regreso desde las estrellas. Él me la dió a mí para poder sacar a mi familia del hambre” Esto último lo dice con una seriedad solemne.

“¿Hoy si la va a querer sostener entre sus manos joven? Anímese, siempre se forma en la fila y llega hasta acá sólo para hacerme preguntas”

“Hoy si la tomaré Doña Prudencia” le digo mientras le extiendo el billete de 50 pesos.

La saco de su cáliz de cristal, la sostengo entre las dos manos con fuerza y es entonces cuando comienza el huracán de sensaciones: puede ver al doctor en el quirófano sacándome del vientre de mi madre y entregándome a sus brazos, veo a mis padres en el parque enseñándome a andar en bicicleta, veo la vez que mi hermano me vió llorando porque se me cayó un helado y él me regaló el suyo, veo a mi primer novia regalándome su primer beso, veo el platillo especial que me preparaba mi abuela el día de mi cumpleaños, veo mi graduación de la preparatoria y la vez que salí a comprar pan dulce para la familia con mi primer sueldo, veo el día que mi Tio Miraval me enseñó a pescar en el río, veo los cohetes de la Iglesia en el Día de Corpus Christi, veo la Luna enorme de Octubre, veo el día que me contrataron como reportero, veo…

“Se terminaron sus 15 segundos joven” escucho mientras me es arrebatada la piedra de las manos.

“¿Que es lo que vió?”

“Nada, nada, no ví nada” respondo aún conmocionado “los científicos tenían razón, es sólo una piedra…una común y corriente piedra”.

Texto: César Cervantes.

Fotografía: Sam Valdés

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