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Cuento Corto : Enorme Campo Verde

-¿Cómo dijo que se llama el paciente?
-Gilberto Robles, doctor.
-¿Y cuánto tiempo ha pasado desde que ocurrió el evento?
-Poco más de 38 horas doctor.
-Muy bien, repítame una vez más, ¿qué fue lo que ocurrió, enfermera?
-Pues estaba yo administrándole su medicina nocturna al Señor Robles cuando de repente comenzó a experimentar un ataque.
-¿Un ataque? ¿De qué tipo?
-Pues se convulsionaba mucho y sus signos vitales disminuyeron repentinamente, hasta que en menos de 5 o 6 segundos dejó de respirar
-¿Fueron 5 o 6 segundos señorita? ¡Sea precisa!
-Fueron 5 segundos doctor, ahora lo recuerdo bien, fueron 5 segundos.
-Muy bien. Y luego ¿Que pasó?
-Llamé a mis compañeras y al Doctor que estaba de guardia. El Doctor verificó el pulso y determinó la muerte del Señor Robles.
Te-Pero, dice usted que lo único por lo que había ingresado el Señor Robles al hospital fue por un ligero golpe en la cabeza ¿Es correcto?
-Es correcto, aunque eso yo no se lo dije.
-Hay cosas que se dicen aún sin decirse, enfermera. Y ¿de qué naturaleza era el golpe?
-Pareciese haber sido hecho con un punzón, Doctor, mírelo usted mismo aquí detrás de la nuca, le dejó una marca como en forma de estrella.
-Sí, eso es muy cierto, parece una estrella. Y luego ¿que más pasó?
-Resultó que 15 minutos después de su “fallecimiento” el Señor Robles ¡despertó!
-¿Despertó?
-Sí, despertó y gritaba “¡Es un precioso y enorme campo verde! ¡Es un enorme campo verde!, es de día y es interminable, hay algunas arboledas, no muy grandes, y la gente sonríe! ¡Es un enorme campo verde! ¡Es un enorme campo verde!” Eso lo repitió como en 20 ocasiones.
-¿Como en 20 o en 20 ocasiones, señorita? ¡Qué manera la suya de ser tan ambigua!
-Fueron 21 veces, doctor, ya lo recuerdo bien ahora.
-¿Y eso es todo lo que decía Señorita?
-No, doctor, antes de volver a fallecer el Señor Robles dijo algo más.
-¿Y qué fue eso que dijo?
-Él diijo, con una voz que ya no parecía más ser la suya: “A este mundo le quedan 39 horas de vida, ni una más”
-A continuación un resplandor de tonalidad verdosa inundó las ventanas del hospital.

Texto: Homo Rodans

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